Más de la mitad de las empresas familiares en México carece de un plan de sucesión. El 52% no cuenta con un plan para organizar esta transición, lo que podría implicar un riesgo para su continuidad, de acuerdo con el estudio Nivel de progreso de las empresas familiares para lograr su continuidad y armonía. Reporte 2025, elaborado por el Centro de Investigación para Familias de Empresarios (CIFEM) de IPADE Business School.

Ricardo Aparicio Castillo, director del CIFEM, señala que los retos que enfrentan las empresas familiares son la falta de institucionalización, de planes de sucesión y de gobernanza, lo que dificulta la toma de decisiones. “Lo que vemos es que pocas empresas se están preocupando o anticipando a un proceso sucesorio”, afirma.

El especialista menciona que la acumulación de malas prácticas, la ausencia de un plan de sucesión y la falta de institucionalización comprometen la continuidad de las empresas familiares. En este contexto, 46% de las empresas corre el riesgo de no subsistir a mediano plazo. A diferencia de las empresas no familiares, que normalmente se enfocan en competir y vender, las familiares requieren normas para evitar dañar la situación familiar y empresarial, además de proteger el legado empresarial.

La planeación de la sucesión también está relacionada con la disposición de los actuales directores generales a preparar su salida. El 28% de los directores generales no planea retirarse y un 20% hace comentarios acerca del retiro, pero no hay un proceso registrado.

Ricardo Aparicio comenta que existen casos de directores generales que planean permanecer al frente de la empresa hasta el final de su vida sin haber definido al candidato a la sucesión, lo que puede generar problemas a futuro. Por otra parte, sólo el 22% de las empresas familiares está preparando formalmente al futuro sucesor. La preparación anticipada permite definir responsabilidades y transferir conocimientos.

Es importante considerar que estos procesos son de muy largo plazo. “Una transición de una dirección general es un proceso que puede llevar unos cinco años; cuando se lleva a cabo con rapidez y con calma, normalmente son 10 años”, comenta Ricardo Aparicio.

En la actualidad predominan las empresas de primera generación, con 68% de representación; sin embargo, el porcentaje de empresas de más de una generación disminuye, porque sólo 23% se encuentra en la segunda y 9% ha alcanzado la tercera o posteriores, de acuerdo con el informe.

Para fortalecer la continuidad de las empresas familiares, el especialista destaca la importancia de avanzar en su institucionalización y establecer mecanismos formales de gobierno corporativo. Entre ellos se encuentra el Consejo de Administración, que puede contribuir a delimitar las responsabilidades de los propietarios y de la dirección general. Sin embargo, la adopción de estas estructuras todavía representa un desafío.

De acuerdo con el estudio, sólo 13% de las empresas tiene buenas prácticas de gobierno corporativo. Las empresas familiares enfrentan el desafío de gestionar el negocio y, al mismo tiempo, definir cómo se relacionan los intereses de la familia con las decisiones empresariales. Establecer reglas claras sobre los roles y la preparación de las futuras generaciones son aspectos que pueden ayudar a la continuidad de la empresa.

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