El número de jóvenes en el mundo que desarrollan distintos tipos de cáncer tradicionalmente asociados con la vejez continúa en aumento, y la ciencia aún no logra determinar con precisión las causas. Aunque investigaciones recientes han vinculado este fenómeno con determinados hábitos alimenticios, la persistencia de enfermedades crónicas como la obesidad y la exposición a contaminantes ambientales, los especialistas sostienen que se trata de un problema complejo cuya explicación no puede atribuirse a un único factor ni aplicarse de manera uniforme a todos los casos.

Por lo general, el término cáncer de aparición temprana se utiliza para describir a pacientes diagnosticados antes de los 50 años de edad. Entre 1990 y 2019, se estima que la incidencia de estos padecimientos en ese grupo de edad aumentó 79.1%, mientras que la mortalidad asociada registró un incremento de 27.7%. Entre los tipos de cáncer que han mostrado los mayores aumentos se encuentran los de colorrecto, esófago, conducto biliar extrahepático, vesícula biliar, estómago, páncreas, hígado, mama, útero, riñón, próstata, cabeza, cuello y tiroides.

Hyuna Sung, epidemióloga de la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer (ACS), señala que a escala mundial se diagnostican a diario más de 9,000 casos de cáncer de aparición temprana. Según explica en un artículo publicado en Nature, parte de este incremento podría estar relacionado con cambios en la clasificación o detección de algunos tumores, como ocurrió con el cáncer de páncreas en la década de 2010. Sin embargo, no existen explicaciones equivalentes para el cáncer colorrectal, cuya incidencia en menores de 50 años ha pasado del 5-7% a comienzos de siglo al 10% en la actualidad.

Diversos investigadores plantean que este crecimiento podría ser consecuencia de una combinación de factores ambientales, metabólicos y biológicos. Andrew Chan, gastroenterólogo del Massachusetts General Hospital, sugiere que la exposición temprana a entornos que favorecen trastornos metabólicos como la obesidad influye en el desarrollo de la enfermedad. Por su parte, Kimmie Ng, del Dana-Farber Cancer Institute, advierte que la obesidad no es el único factor, ya que muchos pacientes no presentan sobrepeso, lo que obliga a investigar nuevas exposiciones ambientales.

Estudios recientes han analizado la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y el riesgo de pólipos colorrectales en mujeres jóvenes, encontrando una asociación significativa. Otros enfoques han examinado modificaciones químicas en el ADN vinculadas al tabaquismo y la exposición al herbicida picloram, aunque sin establecer una causalidad concluyente.

Asimismo, se ha explorado el papel de la microbiota intestinal. Un estudio internacional detectó rastros de colibactina, una toxina producida por la bacteria Escherichia coli (E. coli), en pacientes con cáncer colorrectal temprano, sugiriendo que podría favorecer la acumulación de mutaciones celulares. No obstante, los especialistas recuerdan que esta bacteria es común en el intestino humano y podrían existir otros factores que incrementen la susceptibilidad.

En conclusión, los expertos coinciden en que el aumento de diagnósticos no responde a una sola causa, sino a la interacción de múltiples factores de riesgo a lo largo de la vida. La urgencia de acelerar estas investigaciones radica en que esta tendencia podría anticipar un problema de salud pública de gran magnitud en las próximas décadas, afectando a las generaciones actuales cuando alcancen la mediana edad y la vejez.

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